Género, trabajo y migraciones internacionales2
Helena Hirata3
Considerando el contexto de los movimientos poblacionales por el mundo, intensificados en las décadas recientes, de forma cada vez más compleja en su naturaleza y consecuencias, esta presentación se vuelta para discutir el rol de los estudios científicos, y así de las universidades, para la comprensión de ese fenómeno; en particular, visa discutir como la problemática de la división sexual del trabajo y de las relaciones de género puede contribuir a la elaboración de investigaciones sobre estructuras de discriminación y migraciones internacionales. Se trata aquí de “repensar las migraciones”, para reanudar el titulo de una obra de Nancy Green publicada en 2002, a partir de la confrontación entre dos figuras eminentemente sexuadas, a del inmigrante y la de la inmigrante, convocando de un lado la historia de las migraciones y, de otro, la historia de la emergencia progresiva de un análisis de género de la migración en las ciencias sociales tanto del Norte cuanto del Sur.
1.División sexual del trabajo y relaciones sociales de sexo/género
Partimos de un doble postulado teórico:
- de que las relaciones sociales de género son relaciones asimétricas, jerarquizadas, antagónicas, de opresión, de explotación y de poder, que estructuran las divisiones sexuales del trabajo.
- de que existe una imbricación entre relaciones sociales de género, y otras relaciones sociales como las de clase, de raza/etnia, de generación, y que sólo la referencia al conjunto de esas relaciones sociales puede explicar cabalmente las discriminaciones de que son objeto los individuos.
El concepto de división sexual del trabajo, así como los conceptos correlacionados de discriminación, de desigualdades o de diferencias de sexo remiten al “tratamiento diferencial que la sociedad propicia a los grupos sociales de sexo” (Kergoat, 2005, p. 94). La imbricación entre relación de género/clase/raza es lo que D. Kergoat denomina “consubstancialidad” o “co-extensividad”.
2. Transformaciones del trabajo y flujos migratorios
Desde ese doble postulado, se trata de analizar la transformación de los flujos migratorios en el espacio mundial y la evolución reciente del empleo, sobre todo en el dominio del “care” (cuidados con los niños, los ancianos, los enfermos), motor poderoso de expansión de la migración femenina, pero también del mercado del sexo (trafico, prostitución). La feminización de la migración internacional, la relación entre género y migración, puede ser evidenciada a partir del análisis de las tendencias actuales del trabajo y del empleo según los sexos. Partimos del supuesto que las migraciones femeninas afectan la relación entre producción/reproducción, trabajo/extra-trabajo, tanto en el país de origen cuanto en el país receptor. Para analizar esas modificaciones, es necesario partir del concepto ampliado de trabajo, que incluye trabajo profesional y trabajo domestico, formal e informal, remunerado y no remunerado.
Algunos datos sobre migraciones masculinas y femeninas
Los datos disponibles para el periodo reciente sobre las migraciones internacionales han evidenciado un aumento significativo de las migraciones femeninas relativamente a las masculinas. En Francia, por ejemplo, según la Enquête Emploi del INSEE (INSEE, 2006, p. 248-249), las mujeres migrantes se volvieron, en números absolutos, más numerosas en relación a los hombres migrantes cuando estos eran mayoritarios hasta 1999. La misma tendencia se verifica en las principales regiones del mundo. La parte de las mujeres en la población migrante de Europa, de América del Norte, de Japón, de la Australia y de Nueva Zelanda sobrepasa 50% según los dados de 2006 de Naciones Unidas presentadas por Morokvasic (2008). Se trata, según esa autora, una de las expertas europeas de las migraciones femeninas y pionera en los estudios sobre género y migración, de un movimiento de larga fecha: según ella, ya en 1960 las mujeres representaban 46,6% de los migrantes en el mundo, y son más de 50% hoy. Sin embargo esa feminización, que es reciente en algunos países europeos como Italia o España, se observa sobretodo en los países desarrollados, pues en los menos desarrollados los datos estadísticos se mantiene constante la 45% de 1960 la hoy (Morokvasik, 2008). Podemos explicar por lo menos parcialmente ese aumento significativo del número de mujeres migrantes por la expansión, como veremos ulteriormente, de trabajos en el sector de servicios, particularmente los empleos relacionados a los cuidados (“care”). Ellas están frecuentemente en situación precaria, pues son raramente empleadas con contratos que garantizan derechos sociales. Aquí vemos como un análisis que integre relaciones de género, relaciones de clase y relaciones de servicio puede facilitar la comprensión de la situación de esas mujeres, para las cuales las relaciones de servicio pueden transformarse, en ciertas circunstancias, en relaciones de servidumbre.
3. Globalización y migraciones femeninas
El análisis de esa transformación de los flujos migratorios es, a su vez, indisociable del análisis de la globalización, entendida como la interdependencia progresiva entre los mercados nacionales, la desregulación y apertura de mercados y economías, la expansión del mercado internacional, en dirección al establecimiento de un mercado mundial unificado. Las migraciones internacionales y en particular las migraciones femeninas son uno de los aspectos más significativos de la globalización contemporánea (Ehrenreich, Hochschild, 2003). Millones de mujeres de los países del Sur emigran en dirección a los países del Norte para ocupar empleos de servicios personales en fuerte expansión hoy, como el trabajo de empleadas domesticas y diaristas, auxiliares de enfermería y enfermeras, trabajadoras de guarderías, acompañantes, etc. Se puede afirmar que hay una tendencia a la internacionalización del trabajo reproductivo y la globalización del “care”.
Una otra tendencia es la globalización del mercado del sexo, con el desarrollo de la prostitución en escala intercontinental (latinoamericanas en los países europeos, mujeres de Europa del Este en los países de Europa occidental). El incremento significativo del tráfico de mujeres tratadas como esclavas forma parte de este nuevo contexto.
Laura Oso Casas (2003) mostró, a partir del caso de España, la porosidad de dos tipos de migración, el de las redes de prostitución que eran simultáneamente redes de domesticidad, involucrando colombianas y ecuatorianas en España.
Gobiernos han promovido migraciones femeninas (como la de las domesticas en Filipinas o en el Sri Lanka) como “productos de exportación” para incrementar la economía de sus países dentro del contexto de demanda mundial creciente por ese tipo de servicios. Las migrantes de Filipinas o del Sri Lanka tiene frecuentemente diplomas de nivel superior en sus países, son originarías de una otra clase social e inmigrando dejan de pertenecer a su clase de origen en el país receptor, Estados Unidos, Francia, Italia u otros países europeos. Mozère muestra como las empleadas filipinas en Francia pertenecían a dos categorías sociales diferentes según su inserción en el país de origen o en el país receptor. Ella menciona el caso de una suegra que pregunta a su cuñada por que ella hace un trabajo de empleada domestica cuando podría tener una en Filipinas (Mozère, 2005).
Esas mujeres venidas de los países del Sur ejecutan tareas que las mujeres de los países del Norte no pueden más realizar cuando están involucradas en un trabajo profesional que exige mucho en términos de responsabilidad y de horarios. Los gobiernos de los países de origen de los flujos migratorios no vacilan en promover formación profesional y entrenamiento (como por ejemplo enseñar el uso de horno de microondas o de uno “foodprocessor” para adecuar la calificación de la mano de obra a ese tipo de demanda). La presidente Arroyo das Filipinas también elogió cuando de una visita oficial a Japón las cualidades de afectividad y calor humano de las trabajadoras filipinas que se consagran al “care” (Ito, 2005).
Las migraciones femeninas pueden ser, por lo tanto, consideradas un instrumento de análisis de las dinámicas económicas de las sociedades, tanto de las sociedades receptoras cuanto de las sociedades de origen.
4. Mujeres migrantes: experiencia de la autonomía y del sufrimiento
Las migrantes de los países del Sur, diferentemente de sus patronas de los países del Norte, no pueden vivir con su familia y al mismo tiempo ser proveedoras. Obligadas a dejar sus hijos con sus abuelas, hermanas, cuñadas, la primogénita, etc., ellas no pueden encontrarlos más que una vez por año. Investigaciones muestran (Ehrenreich, Hochschild, 2003, Introducción; Mozère, 2004) que ellas regresan raramente de San Francisco, de Atenas, de Turín o de París, a veces sólo en la época de Navidad. La acogida de los hijos es por veces fría. As veces ellos tienen problemas escolares, problemas de salud o de relación con aquellas que cuidan de ellos, en la ausencia prolongada de sus madres.
Una de las controversias en la literatura internacional sobre género y migraciones es alrededor de la vivencia de las practicas migratorias: ¿ellas aumentan la autonomía y la capacidad de actuar de las mujeres y pueden ser consideradas en esa medida altamente positivas? (Mozère, 2004) ¿O son fuentes de sufrimiento para las que dejan lejos los hijos y la familia para sustenta-los económicamente? (Ehrenreich, Hochschild, 2003 ; Parrenas, 2001, 2005). Probablemente se tratan de dos aspectos concomitantes que resultan que la vivencia de esas migrantes sea particularmente ambivalente y compleja. Desde el punto de vista metodológico, se puede decir que la primera interpretación – de Mozère - se basa sobre todo en entrevistas con las migrantes en los países del centro, mientras la segunda – de Hochschild y de Parrenas - se basa en entrevistas con las migrantes, pero también con sus hijos, en los sus países de origen, integrando la visión de esos últimos.
Conclusión
Epistemología de la migración – categorías de análisis y renovación de los paradigmas
Por fin, pretendemos en esa comunicación contribuir a la renovación de los paradigmas de análisis sobre género y migración. Pensamos, como otras investigadoras de nuestro equipo, que es necesario romper con la lectura predominante de los modelos migratorios según el que las mujeres no harían si no acompañar las trayectorias migratorias masculinas. Eso cuando no se ignora simplemente, o se “particulariza” o se “invisibiliza” las migraciones femeninas. En ese proceso de “invisibilización” contribuye fuertemente el hecho de que las actividades asalariadas de las mujeres migrantes son efectuadas predominantemente en los servicios domésticos y toda una serie de actividades precarias que no son reconocidas como trabajo.
También pensamos que la categoría “mujer”, así como la categoría “mujer migrante” no es sólo una variable sociológica, sino que la relación hombre/mujer estructura todo el campo social. Desde los conceptos y teorías elaborados por las investigaciones sobre género, y articulándolos con aquellos propuestos por la sociología de las migraciones, pretendemos analizar los procesos migratorios a partir del enfoque de las relaciones sociales de sexo/género. Nuestro objetivo es dar complejidad a la construcción teórica de esos modelos interpretativos introduciendo la dimensión hombres/mujeres. Para pensar la variabilidad y la permanencia de esa dimensión, el recurso a la historia, de un lado, a las comparaciones internacionales, de otro, nos parece necesaria, dentro de una perspectiva interdisciplinaria.
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2Ponencia en el Seminario Internacional Migraciones e Identidades: Conflictos y Nuevos Horizontes. Universidad de São Paulo, 5-6-7 de agosto de 2008
3Investigadora del CNRS/Paris 8 - Francia